Dicen que las cosas salen bien cuando se hacen despacito y con buena letra o como dice mi madre “canta máis prisa, peor” Y eso es lo que he aprendido con Iván Caíña este fin de semana. Palito a palito, letra a letra, desde que apoyas la punta del pincel hasta que la levantas, controlando la presión, la respiración. Un ejercicio casi de mindfulness.
El arte de escribir como lo hace Iván es algo que nace de la pasión y la constancia, practicar día a día, concentrarse en lo que quieres y perseguirlo.
Desde las minúsculas y mayúsculas del abecedario hasta construir cada uno su propia frase o palabra.Las carpetas customizadas con los nombres los alumnos, empezaron a llenarse de bloques de hojas de horas de pincel y tinta.
Como no, con un fin de semana semi veraniego, salimos al jardín y también a disfrutar del bocadillo de pulpo en la costa (esta vez sin cámara, modo relax) Con ganas de más para la segunda tanda de Caligrafía Caiña 🙂
Aquí la instantánea de grupo.